La fecha del fútbol de primera división que se juegue este fin de semana, marcará el término de un mal año (otro más) para la “U”. Las reales posibilidades de “que nos caiga desde el cielo” una clasificación para un torneo internacional, (tomando prestada aquella frase de nuestro presidente luego del papelón que hiciera el caro plantel comandado por un aún más caro DT en la Copa Libertadores de este año), son escasísimas y si ello llega a suceder nada habrá cambiado en el análisis global. Excepto la ‘tranquilidad’ para el regente máximo que no tendrá que hacer cambios y ratificará al actual cuerpo técnico según sus propias declaraciones del jueves pasado.
Será otra ocasión entonces (cuántas de estas podemos contar a estas alturas) para hacer los análisis que se nos vengan a la mente, para intentar denodadamente explicar porqué resultaron así las cosas y de ver, leer o escuchar múltiples ‘frases oficiales’ para intentar entregar una conformidad barata…: “hay que mirar hacia adelante”…, “tenemos que hacer todo lo posible por volver a poner a la “U” en el lugar que se merece”…, “tendremos un plantel reforzado para enfrentar todos los nuevos desafíos con lo mejor”…, “soy de la “U” de toda la vida y me duele perder (o no verla más arriba)”…, para concluir con un slogan que al parecer busca o pretende repartir la carga entre muchos, más allá de los directos responsables de todo y que, aunque suene bonito no refleja en absoluto la realidad: “La “U” Somos Todos”.
Pero, ¿Somos todos la “U”?
Categóricamente no, y esto se puede explicar en algunas situaciones evidentes: porque quienes tienen el manejo de la administración concesionada del club deportivo, parecen ser o vivir en otra galaxia. Porque creen estar haciéndolo perfecto. Porque creen saber mucho más del tema fútbol que cualquiera que esté fuera de su reducida órbita. Porque creen tener la propiedad absoluta de la verdad y pretenden que lo único que se vea, lea, o escuche sea la voz propia. Porque creen que escuchar a los seguidores, simpatizantes e hinchas o leer lo que se escribe, aunque tenga base de análisis y antecedentes sólidos, es despreciable “porque no vamos a aceptar de nadie mensajes por la prensa”, por ejemplo. Sin embargo, cuando se quiere proyectar nuevas ideas o negocios (vg., la presentación de la “camiseta conmemorativa”), se convoca y promueve la actividad “mandándole mensajes por la prensa” a los futuros compradores de las prendas publicitadas desde una amplia testera en la sala de conferencias del centro deportivo. Esa “U”, NO ES LA DE TODOS, obviamente. Esa “U” es la de un muy reducido círculo de propietarios, ejecutivos, sponsors y amigos con influencia. Y ese estamento es el que tiene todo el peso de la responsabilidad por lo bueno que ocurra, pero y sobre todo, por todo lo malo. Negarlo es tratar de tapar el sol con un dedo.
La otra “U”, aquella de los que sí somos azules de toda una vida, aquella de los que conocemos su historia y la respetamos, aquella de los que siempre estamos para ver, aplaudir y apoyar al equipo que vemos en la cancha y no al de los pasillos y palcos, aquella que quiere lo mejor y rechaza a los que teniendo un nombre o un cartel importante en su carrera no los ve dirigir o jugar con la jerarquía por la que fueron traídos, aquella que ya no cree ni quiere más experimentos con técnicos inadecuados para el momento que se vive, aquella que está saturada de ver cómo llegan jugadores con la exclusiva expectativa de poder hacer un buen negocio con ellos y cuyo rendimiento resulta intrascendente para el equipo. Aquella finalmente, que está cansada de recibir explicaciones que no explican nada. Esa “U” es muy diferente a la del círculo de hierro de quienes toman las decisiones. Las buenas decisiones, que siempre se aplaudirán por cierto, y las malas decisiones que son las que al fin y al cabo importan y generan este claro distanciamiento “entre ellos y nosotros”.
La “U”, su historia, toda la gente que la sigue y apoya en el país y más allá de nuestras fronteras, ancianos, adultos, jóvenes, niños y niñas, sus emblemas, banderas y escudos, merecen ser manejados como una empresa exitosa y eso no está en duda. Pero esto es un club de fútbol. Que tiene millones de adherentes, simpatizantes e hinchas como principal capital. No es una inmobiliaria, no es una cadena de tiendas de venta por retail, no es un canal de televisión y no es un centro de negocios y apuestas.
Porque el hecho de ser un club de fútbol lo hace muy diverso pero a la vez completamente distante de cualquier actividad comercial o empresarial. Un ejemplo? El valor de las acciones de cualquiera de las actividades comerciales mencionadas antes puede ser muy variable, pero no están sujetas a caer ni subir violentamente como las de Azul Azul u otra Sociedad Anónima Deportiva cuando su equipo de fútbol pierde o le va bien.
La oportunidad para modificar conductas y estilos siempre está disponible, pero no para siempre. Los cambios de actitud y las definiciones de por dónde caminar en esto deben venir ahora, ya, antes que aparezcan los análisis superficiales de los fracasos. De no ser así, se corre el riesgo de continuar tropezando con los mismos errores. Los que no son producto del azar ni de la casualidad, sino generados directamente por las propias malas decisiones.
Y que no se tome esto como un mero “mensaje por la prensa”. Esto no es otra cosa que el sincero sentimiento de alguien que quiere lo mejor para la “U”. Hay que hacer las cosas bien para ello y, cuando a la “U” le va bien entre muchas otras buenas cosas, sube el precio de las acciones. Que no se olvide ese ‘pequeño detalle’.
Por Jaime Aguirre Dueñas/ @jaimeagUirred, Director de @Cienx100Azules.
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